¿Cómo afecta  a nuestra salud que las estaciones sean más cortas?

Cambio climático

 

Es muy probable que este invierno hayáis notado que los días de sol y de temperaturas suaves han ganado a las jornadas de frío y viento. El cambio climático es un hecho y esto está afectando a diferentes aspectos de nuestro planeta a escala global. Los límites de las estaciones se diluyen, la floración de las plantas se altera, también lo hacen las cosechas e incluso nuestra forma de comportarnos. Te explicamos cómo afecta a nuestra salud que las estaciones sean más cortas.

 

El cambio climático, una realidad

Varios expertos ya han constatado que las temperaturas en zonas como Cataluña se han incrementado como consecuencia directa del cambio climático que sufre todo el planeta. En Barcelona, por ejemplo, según el catedrático en geografía física de la Universitat de Barcelona, Javier Martín Vide, han aumentado el número de noches tropicales, noches durante las cuales la temperatura no baja de los 20 grados.

Por otro lado, el calor de verano aparece antes y acaba también más tarde, esto hace que los climas primaverales y los propios del otoño se coman parte del invierno.

 

¿En qué nos afecta que las estaciones sean más cortas?

El cambio en el clima afecta a nuestra salud y comportamiento, te detallamos algunas de las variaciones más comunes:

 

  1. La temperatura y el sueño. Está demostrado científicamente que las bajas temperaturas ayudan a dormir, unas temperaturas que tendrían que estar entre la franja de los 16 y de los 20 grados. De hecho, cuando la temperatura del cuerpo se enfría, nuestro cerebro se prepara para dormir.
  2. Los climas extremos disparan los problemas psicológicos. Las zonas donde se producen asiduamente huracanes, inundaciones o nevadas, tienen una mayor probabilidad de que su población sufra trastornos mentales. Así que con el futuro cambio climático es probable que un gran porcentaje de la población esté expuesta a problemas de salud derivados de los efectos del cambio climático.
  3. La relación entre el calor y los problemas de salud. Está probado que el invierno dispara las depresiones y las temperaturas suaves hacen subir los niveles anímicos y el buen humor. De todos modos, un calor intenso incrementa el riesgo de sufrir deshidratación y golpes de calor que pueden dañar el cerebro.

El cambio climático cambiará, por lo tanto, nuestra forma de relacionarnos con las dolencias, tanto físicas como psicológicas.

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